¿Dónde estamos cuando participamos, cuando compartimos, cuando difundimos las imágenes, producidas, montadas y desmontadas en común?

Planteamos el taller como una tentativa para pensar imágenes juntas.
Nos interesamos por el gesto que apela al otro y a lo propio, ése atravesado por la imagen. Nuestra propuesta parte del interés por narrarnos a partir de imágenes y radica en su materialidad pero también en su gestualidad. El gesto de disponer las cosas, de hablarnos, de leernos genera un espacio de contingencia e inestabilidad, que encuentra en el apoyo mutuo y provisional del encuentro la fórmula de existencia posible: la intimidad de contarnos con nuestra voz, ahora difusa e interpelada.
Lo ordinario tiene la facultad de conectar cuerpos, apelar e involucrar los sentidos, los recuerdos, el gusto: improvisamos. Una merienda se activa como investigación cuando se comparten intereses, referencias y se integra lo sensible: el saber se afloja y el enunciado se hace enunciación viva, como proponía Barthes, habitamos a partir del encuentro y la conversación. Traer al otro a nuestro lugar, dejarnos llevar al suyo. Una impresora y fotocopiadora nos permiten visualizar las referencias, dotamos de fisicidad lo que nuestras manos no han tocado.